Porque en los últimos 15 años he vivido por experiencias enajenantes; siendo testigo en carne propia, de lo inhumano de este sistema; buscando, como tierra seca a la lluvia, la esperanza. Todos los días, como almendras con espinaca cruda y pan árabe integral con mucha fruta. Corro y nado casi todos los días. Practico Yoga y trato de mantener un nivel de flexibilidad física. Lloro casi todos los días y desesperadamente busco maneras de vivir, realmente vivir. A veces logro mantener un nivel mínimo de estabilidad pero usualmente me encuentro en un ciclo de esperanza y desesperanza. Ahora estoy de bajada: hace dos días no pude parar de llorar por la mañana. No pude ir a trabajar y por primera vez desde el año pasado no pude contener mis lágrimas frente a mis hijos.

Y es que en los últimos 15 años he vivido y buscado soluciones en la iglesia, en el mundo académico, en el sistema escolar, en la filosofía educativa, en la justicia social, y no lo he encontrado. Todo se vuelve insignificante. Todo pierde sentido en un sistema incongruente y ciego - ciego hacia su propia realidad.
Me he salido de la iglesia. Estoy por terminar mis estudios en la universidad y me obligo a seguir solamente por lograr recibir el papelito que tal vez me ofrezca un mejor salario, pero en mi corazón también he ya dejado el mundo académico. Y todo el sistema escolar lo tengo atravesado por la garganta.
A mi alrededor, no veo más que ira, apatía, desconfianza, enfermedad, y muerte. Pero en mí aún existe el grito, el deseo, de encontrar en algún lugar aquello que encuentra un bebé cuando mira el rostro de su madre: vida
¿Dónde entonces está la esperanza? ¿el cambio? ¿la ilusión? ¿dónde la dignidad? ¿dónde está la vida?
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