El día martes por la tarde, estaba yo sentada en la biblioteca pública ayudando a Jojo (un niño de 7 años de edad). Su tarea consistía de por lo menos dos paquetes de unas 7 a 8 páginas de ejercicios (de los dos lados) de Gramática y de Matemática.
Me parecía ridículo que, después de estudiar más de 9 años sobre temas de pedagogía; después de leer a Freire, a Hooks, a Giroux, a Vygotsky, a Dewey, a Gardner, a Illich, a Chomsky, etc; después de 4 años de maestría en temas de diseño curricular y administración escolar, me encontraba yo buscando las maneras más creativas para que este niño, a quien yo quiero mucho, haga lo que se le pedía: procesos mentales insignificativos y descontextualizados porque el maestro había asignado tal tarea y tal tarea llevaba una nota de la cual depende su promoción al siguiente año. ¡Qué ridículo! Casi irónico.
Lo hacía... atropellando cada intención de mis células de romper esa tarea - no, no solamente romperla, ¡destruirla! Lo hacía. Me inventaba maneras 'divertidas' para que el niño logre los cálculos mentales y las analogías gramaticales que demandaba el papel. Sin embargo, dentro de mí se activaba el volcán.
Llegamos a un punto en el que me di cuenta que Jojo se comenzó a sentir bastante tonto porque no tenía ni idea de lo que decía el papel. No por tonto. ¡Nada que ver! El niño es bien pilas. Si no porque nadie se lo había enseñado antes. Sintiendo su angustia, paré, le toqué su bracito con mi mano, miré a sus ojos y con casi un susurro, le dije; Jojo, sabes que tu Titi (así me llama él), cree que tú eres un niño MUY inteligente. Él me miró a los ojos. 'Es más,' le dije, 'a tu Titi le encanta tu color de piel (él tiene un color de piel café oscuro).' Sin decir nada bajo la mirada y comenzó a contarme como el maestro les grita; como les hace pararse en la pizarra por 30 minutos. '¿Y qué hacen para que les grite?' Le pregunté. 'Nada, ¡solo jugamos!' Y en sus ojos, en verdad, existía la confusión más grande: ¿por qué castigar a un grupo de niños que solo están jugando?
El volcán seguía hirviendo en mí...
'Pasémonos esta hoja,' le dije. 'Hagamos algo más.' Vez tras vez nos saltamos secciones y páginas que eran no solamente demasiado difíciles para lo que él comprendía pero eran también ridículamente abstractas para un niño de 7 años. Después de 1 hora de trabajo concentrado, le dije a Jojo que no se preocupara más de la tarea; que se fuera a jugar porque había hecho mucho y lo había hecho bien (y en verdad que lo había hecho bien).
Hasta este punto el volcán en mí apuntaba en dirección al maestro. ¡Qué tipo de ignorante sería este profesor! ¡A qué universidad habrá ido para ser maestro! ¡Quién sería el más estúpido que lo contrató! etc, etc, etc.
De pronto, llega Jojo y me cuenta que su maestro estaba en la biblioteca pública y me pregunta si quería conocerlo. ¿Qué si quería conocerlo? ¡Quería más que conocerlo! Quería darle un par de lecciones privadas sobre pedagogía. Dudé si debía o no acercarme. El familiar de Jojo con quien estábamos me dijo que no lo hiciera, que estaba yo demasiado enojada como para sacar algún provecho a la conversación. Pero no pude contenerme el placer de hacerle sentir a este tipo tan estúpido como Jojo se sentía.
Me presenté y tal como lo había esperado, él no sabía ni de qué se trataba la tarea. ¡Pobre hombre! le hice preguntas como que si fuera la gran inquisición - profesionalmente, por supuesto, como se hacen las cosas por estas tierras. De pronto me di cuenta que él también estaba rodeado de manipulaciones, que él también se ahogaba en miedos, que él también se sentía ya bastante estúpido, y que él también vivía bajo presiones impuestas por otros. Entendía yo exactamente todo lo que le hacían sentirse así - para algo han servido estos 4 años de maestría: para entender ¡lo ridículo de la situación! No solamente estaba él mismo lleno de miedos y manipulaciones, tenía también a su alrededor toda una áurea de abusos.
Después de cumplir con mi cometido, me despedí muy educadamente.
En mi mente pasaban estas mismas palabras: ¡cómo no! si él mismo se ahoga en miedos, ¡si él mismo es manipulado!, si él mismo es presionado a ser quien no es por beneficio del mercado, ¡cómo no!
De pronto me pasó lo que nunca me ha pasado antes. Al salir de la biblioteca se me bajó la presión instantáneamente. Comencé a temblar. Se me subió la fiebre. Antes, lo hubiera llorado. Lágrimas de rabia y de indignación hubieran llenado mis ojos. Pero esta vez, no me dio el cuerpo. Llegué a duras penas a mi cama. Mis hijos todos maduros se bañaron y se acostaron en sus camas sin mi ayuda y guía. Yo terminé en cama con una fiebre de 101.4 (esto me pasó 2 noches seguidas). Y la poca energía que tenía se me fue en las lágrimas.
Por dos días seguidos lloré... toqué fondo, y dejé de llorar. Mis viejos cucos resurgen.
No hay ni una gota de sentido en este sistema educativo. He pasado 7 años estudiando algo para llegar a la sólida conclusión que no quiero nada que ver con el sistema. ¡Nada! No quiero ser administradora de una escuela ni quiero ser directora curricular. No quiero hacer algún 'reform' a un 'failing school.' No quiero evaluar estudiantes con métodos cuantitativos (exámenes estandarizados) y no quiero implementar 'initiatives' que vienen desde arriba y aplastan a los de abajo. ¡Ni siquiera estoy dispuesta a mandar a mis propios hijos al colegio!
Y ahora, ¿qué? no sé, pero sé que el cuerpo ya no me da más.
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